martes, 15 de noviembre de 2016

Inteligencia emocional


LA EMPATÍA TE ACERCA A LOS DEMÁS.

Las emociones son el resorte que nos mueve a actuar. Ser capaces de comprenderlas, controlarlas y utilizarlas es esencial para ser feliz. ¿Sabes hacerlo? 

La clave para vivir con pasión eléctrica desde el minuto uno hasta el último es la inteligencia emocional, esto es, saber movilizar la gasolina que hace carburar las pasiones de nuestra vida: disfrutar de lo que hacemos, aprender, amar, jugar, hacer arte y; sobre todo, no perder el tiempo quejándose", asegura el psicólogo Rafael Santandreu, autor del libro «Las gafas de la felicidad". Pero, ¿qué es la inteligencia emocional? ¿Cómo sé si la tengo?

Qué es y cómo aplicarla
La inteligencia emocional se define como la capacidad de sentir las emociones, comprenderlas, controlarlas y utilizarlas para modificar los estados de ánimo propios o ajenos. Entre las habilidades de una persona con inteligencia emocional destacan la aptitud para empatizar con los demás, evitar que la frustración o la angustia interfieran con sus facultades racionales y motivarse uno mismo.

  • Sentimientos bajo control.  Tal como explica la filósofa Victoria Camps, «las emociones son los móviles de la acción, pero también pueden paralizarla». Hay, añade, emociones que nos incitan a actuar y otras que nos llevan a escondernos o a huir de la realidad, pero todas pueden ser útiles y contribuir al bienestar de la persona que las experimenta. Para ello, sin embargo, hay que conocerlas y aprender a gobernarlas. «Es posible hacerlo, porque las emociones, al igual que otras tantas expresiones humanas, se construyen socialmente», dice la filósofa catalana. Daniel Goleman, autor del libro «Inteligencia emocional» y considerado uno de los máximos especialistas en el tema, coincide: "Las habilidades emocionales son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida". 
  • Tus puntos fuertes. Goleman enumera algunas de las habilidades que posee una persona con inteligencia emocional: conoce sus fortalezas y debilidades, confía en su instinto, cuando está enfadado sabe por qué y, si se cae, se levanta rápido. Además, en relación con los demás, le genera curiosidad e interés la gente que no conoce, se lleva bien con la mayoría de personas y sabe leer sus expresiones faciales, así como prestar atención a lo que dice el otro y cuándo debe decir "no". 

“No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas”. Jorge Bucay, escritor y psicoterapeuta argentino.



Fuente: Revista PRONTO

www.pronto.es








lunes, 14 de noviembre de 2016

9- Terminando con las postergaciones ahora mismo


 ¿Te encuentras tú en la categoría de los que postergan todo? Si eres como la mayoría de la gente, la respuesta es sí.

Pero es muy posible también que preferirías no vivir con la ansiedad que produce el postergamiento de las cosas.

Estás postergando muchas cosas que quieres hacer, y sin embargo por algún motivo, simplemente sigues suspendiendo la acción. Este asunto de las dilaciones es una de las facetas más preocupantes de la vida.

Tu zona errónea de "postergación" es de las más difíciles de achacar a las fuerzas externas. Es toda tuya, tanto la postergación en sí como la incomodidad que ésta te produce.

Como en todas las zonas erróneas, el comportamiento en sí no es malsano. El hecho de postergar, en realidad, ni siquiera existe. Uno simplemente hace cosas, y las que no hace, simplemente no están hechas en vez de postergadas. El comportamiento neurótico es simplemente la reacción emocional que lo acompaña y la inmovilización que produce.

1)     Esperando, deseando y quizá.
Tres frases neuróticas típicas del hombre que posterga y vacila componen el sistema de apoyo que sirve para mantener el comportamiento dilatorio:
"Quizá las cosas se solucionarán solas."
"Espero que las cosas vayan mejor."
"Deseo que se arreglen las cosas."
Cuando dices "quizás", "espero", o "deseo", puedes usar estas palabras como razonamientos para no hacer nada en el presente. Pero los deseos y esperanzas no son más que una pérdida de tiempo, ilusiones vanas de los que viven en un mundo ficticio.

Nunca nadie logró nada, con ninguna de estas palabras por más veces que las repitiera. En realidad éstas sólo sirven para evitar tomar cartas en el asunto y realizar las tareas que tú has decidido que tienen la suficiente importancia para estar en la lista de las actividades de tu vida.

Tú puedes hacer lo que te propongas. Eres fuerte y capaz.

Al postergar para un momento futuro lo que quisieras hacer ahora, te entregas al escapismo, a la autoduda, y lo que es peor aún al autoengaño. Tu zona postergatoria es un movimiento que te impide ser fuerte en el momento actual, en tu ahora, y te impulsa en dirección de la esperanza de que las cosas mejorarán en el futuro.

2)     La inercia como estrategia para vivir.
"Esperaré y mejorarán las cosas".
Para algunos esta actitud se convierte en una forma de vida, siempre están postergando algo que harán en un día que nunca ha de llegar.

Las cosas no se solucionan nunca solas. Se quedan exactamente como están. Como mucho, las cosas cambian, pero no mejoran.

Si tu vida es mejor de lo que era, es porque tú has hecho algo constructivo para mejorarla.

Ésta es una de las zonas que puedes limpiar con mucho "trabajo mental", ya que es una zona que tú mismo te has creado, sin ninguno de los refuerzos culturales que son como el sello de tantas otras zonas erróneas.

3)     ¿Cómo funciona la postergación?
La postergación es "el arte de estar al día con el ayer y de evitar el hoy".

Tú sabes que hay ciertas cosas que quieres hacer, no porque otros te lo hayan ordenado, sino porque las has elegido deliberadamente. Sin embargo muchas de ellas se quedan sin hacer, a pesar de lo mucho que te digas a ti mismo que las harás.

Decidirte a hacer algo en el futuro, algo que podrías hacer ahora, es un sustituto muy aceptable del hecho de hacerlo realmente, y te permite engañarte a ti mismo no enfrentándote con el hecho de que en realidad ésta es una excusa y que no estás haciendo lo que te propusiste hacer.

Si eres el tipo de persona que vive de una manera y dice que va a vivir de otra en el futuro, tus declaraciones no tienen contenido. Quiere decir simplemente que eres de las personas que siempre difieren la acción y que nunca terminan de hacer las cosas.

Tú no eres necesariamente lo que dices. Tu comportamiento es un barómetro mucho más adecuado para medir tu valor. Lo que haces en tus momentos presentes es el único indicador de lo que eres como persona.
“No digas cosas. Lo que eres, relumbra sobre ti mientras lo haces, y atrona con tal fuerza que no puedo oír lo que alegas en su contra.”
La próxima vez que digas que harás algo, a sabiendas de que no lo harás, recuerda esas palabras. Son el antídoto de la postergación.

4)     Los críticos y los hacedores.
Un no hacedor es a menudo un crítico, esto es, alguien que se echa para atrás y mira cómo los demás hacen cosas, y luego elucubra conceptos filosóficos sobre cómo están haciendo las cosas los hacedores. Es muy fácil ser crítico, pero ser un hacedor requiere esfuerzo, riesgos y cambios.

  • Es mucho más fácil hablar de cómo actúa otra persona que ser la que en realidad actúa.
  • Toma nota de las actitudes de los verdaderos campeones, los que han mantenido un alto nivel de excelencia durante un largo período de tiempo. Hacedores en el nivel más alto. Campeones en todo sentido. ¿Acaso se sientan tranquilamente a criticar a los demás?
  • Los verdaderos hacedores de este mundo no tienen tiempo para criticar a los demás. Están demasiado ocupados haciendo cosas. Trabajan. Ayudan a los que no tienen tanto talento como ellos en vez de criticarlos. 

Tu primera estrategia consistirá en reconocer estos comportamientos de crítico en ti mismo y en hacer la firme resolución de eliminarlos por completo para que puedas ser un hacedor en vez de un crítico postergador y dilatorio.

5)     El aburrimiento: Una resultante de la postergación.
La vida no es nunca aburrida pero alguna gente escoge aburrirse.

  • El concepto del aburrimiento implica la incapacidad para usar el momento presente en actividades que te ayuden a realizarte.
  • El aburrimiento es una opción, una elección; algo que tú mismo te impones y es uno de esos elementos autodestructivos que puedes eliminar de tu vida.
  • Cuando postergas y vacilas malgastas tus momentos presentes en no hacer nada como alternativa a la posibilidad de hacer cualquier cosa. El no hacer nada conduce al aburrimiento.
  • La tendencia general es echarle la culpa al entorno por el aburrimiento. "Este pueblo es realmente aburrido" o "¡Qué orador tan aburrido!". El pueblo en particular y el orador no son nunca aburridos, eres tú el que experimenta el aburrimiento y puedes eliminarlo haciendo alguna otra cosa con tu mente en ese momento.

"El hombre que se deja aburrir es aún más despreciable que el aburrido". Haciendo lo que quieres, ahora, o usando tu mente de forma creativa y nueva, ahora, te aseguras un futuro en el que nunca más escogerás para ti mismo el aburrimiento.
6)     Algunos comportamientos típicos postergatorios.

  • Seguir en un empleo en el que te sientes atrapado y sin posibilidad de desarrollarte y crecer.
  • Aferrarte a una relación que se ha echado a perder. Seguir con alguien esperando que las cosas mejorarán.
  • Negarte a hacer algo positivo para solucionar dificultades de relación en lo sexual, la timidez o en fóbias. Esperar a que mejoren por sí solas en vez de hacer algo constructivo al respecto.
  • No luchar contra adicciones como el alcohol, las drogas, las píldoras o el cigarrillo. Decir "Lo dejaré cuando esté listo para ello", a sabiendas de que lo postergas porque dudas que lo puedas hacer.
  • Postergar trabajos ya sean pesados o livianos como la limpieza de la casa, o cualquier otra cosa: reparaciones, coser, cortar el césped, pintar algo; siempre que te importe que se hagan o no..
  • Evitar un confrontamiento con alguna persona como puede ser una figura autoritaria, un amigo, un amante, un vendedor o un funcionario cualquiera.
  • Tener miedo de cambiar situaciones geográficas. Te quedas en el mismo sitio toda la vida.
  • Postergar pasar un día o una hora con tus hijos, lo que te daría mucho gusto porque tienes mucho trabajo o estás ocupado en asuntos muy serios. Igualmente no salir una noche a cenar, o al teatro o algún evento deportivo con tus seres queridos usando tu "Estoy muy ocupado" para postergarlo eternamente.
  • Decidirte a empezar tu dieta mañana o la semana próxima. Es más fácil postergarlo que trabajar para perder los kilos, así que dices: "Ya lo haré mañana", y ese mañana, claro, nunca llegará.
  • Usar el cansancio o el sueño como excusa para postergar algo. ¿Te has dado cuenta de cómo te cansas cuando estás a punto de hacer algo incómodo o difícil? La fatiga, incluso leve, es un estupendo recurso postergador.
  • Enfermarte cuando te enfrentas con un trabajo perturbador o molesto. ¿Cómo podrías hacerlo ahora cuando te sientes tan mal? Al igual que el cansancio del que hablamos en el párrafo anterior, la enfermedad o el malestar es una estupenda técnica postergatoria.
  • La estratagema de "Ahora no tengo tiempo para hacerlo" con la que te justificas para no hacer algo porque estás muy ocupado, aunque seguro que encuentras tiempo para hacer las cosas que realmente quieres hacer.
  • Vivir ilusionado por las vacaciones que te vas a tomar, un viaje soñado. El año próximo encontraremos el Nirvana.
  • Optar por la postura del crítico y usar tus críticas para camuflar tu propia negación a hacer cosas.
  • Negarte a acudir al médico cuando sospechas que algo no va bien. Al postergarlo no tienes que enfrentarte con la realidad de una posible enfermedad.
  • No atreverte a acercarte a alguien que quieres. Es lo que deseas pero prefieres postergarlo y esperar que las cosas se resuelvan solas.
  • Aburrirte en cualquier momento de tu vida. Es ésta una manera de postergar algo y de usar el evento aburrido como razón para no hacer algo más divertido y estimulante.
  • Tener el propósito y nunca llegar a ponerlo en acción de hacer ejercicio en forma regular: "Empezaré ahora mismo... la semana próxima".
  • Vivir completamente dedicada a tus hijos postergando tu propia felicidad. ¿Cómo nos vamos a dar el lujo de tomarnos una vacación cuando tenemos que pensar en la educación de los niños?


7)     Motivos para seguir postergando las cosas.
La racionalización que sirve para postergar lo que tenemos o queremos hacer está compuesta de:

  • Una parte de autoengaño o decepción
  • Dos partes de escapismo.

Entre las retribuciones más importantes que nos brinda la política de aferrarnos a esta costumbre de postergar, se encuentran las siguientes:

  • Te permite evadirte de las actividades desagradables. Puede haber cosas que te atemorizan o cosas que por un lado te gustaría hacer y por el otro no. Recuerda que nada es completamente blanco o negro.
  • Puedes sentirte cómodo con tu sistema de autoengaño. El mentirte a ti mismo te permite no reconocer que en este momento presente no eres un "hacedor".
  • Si continúas postergando cualquier situación puedes seguir exactamente como estás para siempre. Así eliminarás la posibilidad de cambios y todos los riesgos que los acompañan.
  • Al sentirte aburrido tienes alguien o algo a quien culpar por tu infelicidad; de ese modo, trasladas la responsabilidad desde tu propia persona a la actividad aburrida.
  • Al erigirte en crítico, puedes sentirte importante a expensas de los demás. Es una de las maneras de usar las actividades y actos de las demás personas como escalones para elevarte a ti mismo mentalmente. Otra forma de autoengaño.
  • Mientras esperas que las cosas mejoren, puedes culpar al mundo entero de tu infelicidad: las cosas no se te presentan nunca bien para ti.
  • Una gran estrategia para no hacer nada.
  • Puedes evitar totalmente las posibilidades de fracaso evitando todas las actividades que implican algún riesgo. De esta manera nunca tendrás que enfrentarte con la desconfianza que tienes de ti mismo.
  • El soñar ilusionado con cosas que pueden pasar (fantasías de Santa Claus) te permiten retornar a una infancia segura y protegida.
  • Puedes atraerte la simpatía y compasión de los demás y sentir compasión de ti mismo, por el estado de ansiedad en que vives al no hacer lo que te hubiera gustado hacer.
  • Puedes justificar un rendimiento mediocre o inferior a lo aceptable en cualquier actividad que postergues durante un tiempo suficientemente largo, dejando luego un margen mínimo de tiempo para hacerlo. "Pero es que simplemente no tuve tiempo."
  • Al postergar algo puedes lograr que otra persona lo haga por ti. En consecuencia, la postergación se convierte en una manera de manipular a los demás.
  • La postergación de las cosas te permite engañarte a ti mismo hasta convencerte de que eres distinto de lo que eres en realidad.
  • Al no hacer algún trabajo puedes evitar el éxito. Si no triunfas, evitas tener que sentirte bien contigo mismo y tener que aceptar la posterior responsabilidad que acompaña al éxito.

Ahora que tienes una idea sobre los motivos que te pueden haber llevado a postergar las cosas que no te conviene postergar, podrás empezar a hacer algo para eliminar estas zonas erróneas tan autodestructivas.

 8)     Algunas técnicas para deshacerse de este comportamiento postergador.

  • Tomar la decisión de vivir de momento a momento, cinco minutos a la vez. En vez de pensar en trabajos que se harán "a la larga", piensa en el momento actual y trata de pasar un período de cinco minutos haciendo lo que quieres, rehusando postergar cualquier cosa que pueda brindarte una satisfacción.
  • Ponte a hacer algo que has estado postergando. Empieza a escribir una carta o un libro. Te darás cuenta de que muchas de tus postergaciones fueron innecesarias ya que lo más probable es que encuentres que el trabajo que estabas postergando en realidad es muy agradable de hacer y lo estás disfrutando. El empezar simplemente a hacer te ayudará a eliminar la ansiedad que te inspira el proyecto.
  • Pregúntate a ti mismo: "¿Qué es lo peor que me podría pasar si hiciera lo que estoy postergando ahora?". La contestación es por lo general tan insignificante que muy posiblemente te dará un espaldarazo que te incitará a la acción. Piensa en los motivos que tienes para tener miedo de hacer algo y con sólo eso dejarás de aferrarte a ellos.
  • Date a ti mismo un tiempo específico (digamos los miércoles de 10 a 10.15 de la noche) que dedicarás exclusivamente a la tarea que has estado postergando. Verás que los quince minutos de esfuerzo dedicados exclusivamente a algo a menudo son suficientes para hacerte pasar el bache de la postergación.
  • Piensa en ti mismo como en un ser demasiado importante y significativo como para seguir viviendo lleno de ansiedad por las cosas que tienes que hacer. De modo que la próxima vez que estés perturbado por la ansiedad de la postergación, recuerda que la gente que se ama a sí misma no se hiere de esa manera.
  • Observa cuidadosamente tu realidad actual. Decide qué es lo que estás evitando en tus momentos actuales y empieza a enfrentarte con tu miedo a vivir eficientemente. El postergar la acción es sustituir el presente por la ansiedad respecto a algún acontecimiento que pueda suceder en el futuro. Si el acontecimiento se convierte en presente, la ansiedad, por definición, tiene que desaparecer.
  • Deja de fumar... ¡ahora! Empieza tu dieta... ¡en este mismo momento!
  • Deja de leer este libro y haz inmediatamente uno de los ejercicios de la serie que proyectas dentro de tu programa de ejercicio. Así es como te tienes que enfrentar con tus problemas... actuando, ¡ahora mismo! ¡Hazlo! El único que te impide hacer cosas eres tú mismo y las opciones neuróticas que has elegido porque no crees que eres tan fuerte como lo eres en la realidad. Qué simple... ¡simplemente ponte a hacerlo!
  • Empieza a usar tu mente de forma creativa en lo que antes eran circunstancias aburridas. Decide que nunca más te aburrirás.
  • Cuando alguien te empieza a criticar, haz esta pregunta: "¿Tú crees que ahora me hace falta un crítico?,". O cuando te descubres siendo tú mismo el crítico, pregúntale a la persona que está contigo si quiere oír tu crítica y si así es, por qué. Esto te ayudará a pasar de la columna de la crítica a la de la acción.
  • Observa tu vida cuidadosamente. ¿Estás haciendo ahora lo que estarías haciendo si supieras que sólo tienes seis meses de vida? Si no es así, lo mejor que puedes hacer es empezar ahora mismo puesto que, relativamente, eso es todo lo que tienes. Dada la eternidad del tiempo, treinta años o seis meses dan lo mismo; no hay ninguna diferencia entre los dos espacios de tiempo, el espacio total de tu vida es sólo como un punto en el tiempo. No tiene sentido postergar nada.
  • Ten el valor de emprender una actividad que hayas estado evitando hasta ahora. Un acto de valor puede eliminar todo ese temor. Deja de decirte a ti mismo que tienes que funcionar bien. Recuérdate que hacer es lo importante.
  • Decide que no estarás cansado hasta el momento antes de meterte en cama. cuando te saques de encima el motivo de la enfermedad o del cansancio (es decir, el evitar una tarea), los problemas físicos desaparecen como por arte de magia.
  • Elimina las palabras "esperanza", "deseo" y "quizá" de tu vocabulario. Cambia:
    • "Espero que se arreglarán las cosas" por "Haré que se arreglen".
    • "Me gustaría tanto que las cosas fueran mejores, de otra manera" por "Voy a hacer lo siguiente para sentirme mejor".
    • "Quizás eso resultará bien" por "Haré que resulte bien,".
  • Escribe un diario de tu comportamiento crítico y de tus quejas. Al anotar estas actitudes, conseguirás dos cosas.
    • Verás en qué forma el comportamiento crítico aparece en tu vida (la frecuencia, los tipos de cosas, los sucesos y la gente que tienen relación contigo en ese sentido).
    • Dejarás de criticar porque te fastidiará mucho tener que anotarlo en tu diario.
  • Si estás postergando algo que también involucra a gente (un traslado, un problema sexual, un trabajo nuevo) reúnete con ellos y pídeles sus opiniones. Ten el valor de hablar de tus propios temores y constata si las postergaciones se deben a motivos que existen sólo en tu cabeza. Si consigues un confidente para que te ayude con tus postergaciones, realizarás un esfuerzo conjunto. Muy pronto habrás disipado gran parte de la ansiedad que acompaña a las postergaciones al compartirlas.
  • Haz un contrato con tus seres queridos por el cual te comprometes a entregarles las mercancías que tienes para ellos pero que has estado postergando. Haz que cada parte conserve una copia del contrato y decreta multas para las infracciones. Ya se trate de asistir a un partido de fútbol, de salir a cenar fuera, ir de vacaciones o al teatro, te darás cuenta de que esta estratagema no es sólo útil sino también muy gratificante para ti ya que te impulsará a participar en actividades que te pueden resultar placenteras.
  • Si quieres que el mundo cambie, no te limites a lamentarte. Haz algo.

En vez de desperdiciar tus momentos presentes en todo tipo de ansiedades inmovilizantes respecto a lo que estás postergando, hazte cargo de esta odiosa zona errónea y vive ahora. Sé un hacedor, no una persona que únicamente desea, espera o critica.


Fuente: Tus zonas erróneas (Wayne Dyer)

Aumenta tus defensas y evita gripes y resfriados


Llega la estación del frío, y con ella, los primeros estriados. Por mucho que nos abriguemos y vitemos ambientes cargados, tarde o temprano acabamos cayendo. No es cuestión de mala suerte. En la mayoría de ocasiones, es la consecuencia de un sistema inmune debilitado. La alimentación, el ejercicio y el descanso son los pilares fundamentales para poder reforzarlo.

Cómo ponerlas en forma
Nuestro sistema inmunológico es la primera línea de defensa de nuestro organismo. Es el encargado de recibir a los virus y bacterias que nos invaden, por lo que su papel es crucial. Nuestros hábitos de vida pueden Influir hasta en un 75% en su capacidad defensiva. Vale la pena, por lo tanto, revisarlos a fondo.

  • DORMIR BIEN AUMENTA LOS GLÓBULOS BLANCOS. La mayoría de células defensivas se producen durante las horas de sueño. Si no descansamos bien, la producción será menor y nuestro cuerpo estará más desprotegido. Lo recomendable es, por lo tanto, dormir una media de entre 7 y 8 horas . 
  • El DEPORTE REFUERZA EL SISTEMA INMUNE. Practicar deporte un mínimo de tres veces por semana (mejor si es al aire libre) hace que el cuerpo se oxigene mejor y elimine toxinas, dos factores que benefician la respuesta inmunológica. Pero tampoco conviene abusar. Ejercitarse en exceso genera radicales libres, los enemigos de nuestras defensas. 
  • EL PESO SALUDABLE FORTALECE LAS CÉLULAS. Las personas con sobrepeso enferman más, ya que el exceso de grasa en el organismo altera el funcionamiento de la insulina, la hormona encargada de proporcionar energía a las células defensivas. 

Una dieta sana y equilibrada
Un nivel adecuado de nutrientes nos garantiza un sistema de defensas a prueba de virus y bacterias. Se trata del factor más importante a la hora de conseguir un organismo fuerte y librarse de los resfriados.

  • FRUTOS SECOS. Son interesantes por dos razones. Sus grasas beneficiosas refuerzan el sistema inmunológico y, al ser muy energéticos, ayudan al organismo a defenderse de las bajas temperaturas. 
  • CÍTRICOS. Naranjas, mandarinas, pomelo, limón ... todos ellos son ricos en vitamina E, un nutriente ideal para reforzar las defensas y aportarnos energía extra. Tomar un zumo de naranja por la mañana es todo un clásico, pero también podemos tomar estas frutas de postre, mezcladas con otras frutas y verduras, en ensalada, etc.
  • AJO Y CEBOLLA. Tienen un gran poder antiséptico y resultan muy eficaces para combatir infecciones respiratorias. La cebolla, en particular, actúa como expectorante (ayuda a eliminar la mucosidad) y el ajo es considerado como un excelente antibiótico natural. Resultan más eficaces si se toman crudos. 
  • VERDURAS DE HOJA VERDE. Gracias a su acción antioxidante nos ayudan a combatir las infecciones y las enfermedades degenerativas. Las verduras de la familia de la col son las más eficaces, pero también lo son las espinacas, las acelgas, las judías verdes, etc. 
  • PESCADO AZUL. El consumo de salmón, boquerones, atún, caballa o sardinas activa las células que eliminan los gérmenes, protegiendo el organismo de la bajada de defensas que suele tener lugar durante esta época del año. 
  • MIEL. Toma una cucharada de miel de abeja cada día. Podrás beneficiarte de su poder antibacteriano, antiinflamatorio y antiséptico. Si sustituyes el azúcar que consumes por miel, tu sistema inmune te lo agradecerá. 
  • TÉ VERDE. Esta saludable infusión estimula la producción de células defensivas, fortaleciendo el sistema inmunológico. Tomar una o dos tazas al día es suficiente para beneficiarse de sus efectos. 

Los alimentos que NO te convienen

  • Azúcar y dulces. Reducen la capacidad de los glóbulos blancos de combatir las bacterias. 
  • Embutidos. No sólo contienen una gran cantidad de grasas saturadas y, por lo tanto, perjudiciales, sino que, además, incluyen conservantes y otras sustancias que intoxican el organismo y debilitan el sistema inmune. 
  • Precocinados. Resultan muy calóricos y, además, cuentan con un exceso de grasas «trans», sal y aditivos, todo ello muy perjudicial para las defensas. 

La importancia de cuidar la flora intestinal
La flora bacteriana desempeña un papel importantísimo en el sistema inmune, ya que contiene bacterias beneficiosas que ayudan a combatir los gérmenes. Parar mantenerla en buen estado, incluye estos alimentos en tu dieta.

  • PREBIÓTICOS. Son una variedad de hidratos de carbono que no son digeridos por el intestino y que modifican la flora intestinal para, de esta manera, poder «alimentar» y favorecer el desarrollo de los probióticos. Se encuentran en los tomates, los plátanos, los espárragos, la alcachofa o las cebollas. 
  • PROBIÓTICOS. Son aquellos que contienen microorganismos vivos, como el yogur. Al llegar vivos al intestino, refuerzan la acción de las bacterias que se encuentran de forma natural y aumentan la capacidad defensiva del organismo. 

Fuente: Revista PRONTO

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martes, 8 de noviembre de 2016

Simplificar tu vida


IDENTIFICA QUÉ ES LO IMPORTANTE Y ELIMINA TODO LO QUE TE IMPIDE AVANZAR

¿Sientes que no vives cómo querrías? ¿Que vas por un camino que te desagrada? ¿Que estás atrapado en una espiral de trabajo, facturas y compromisos que no te deja ser tú mismo? Es el momento de librarte de algunas cargas, pesadas e inútiles, y detenerte a pensar qué quieres realmente y cómo conseguirlo. 

“Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para impresionar a personas que no nos importan". La cita, del periodista canadiense Emile Henri Gauvreay, impacta por su análisis realista y simple de la situación que vivimos.

La riqueza del minimalismo
«Menos es más», aseguraba el arquitecto alemán Mies van der Rohe, una máxima que el minimalismo hizo suya. Consiste en quedarse con lo esencial, desprendiéndose de lo superfluo, y conduce a que el bienestar emocional no dependa de lo que «tengo» o «hago», sino de quién «soy» y «cómo me siento».

  1. Haz limpieza. Reduce al mínimo indispensable los objetos de tu vida. Empieza por ordenar tu armario, sigue por tu casa y, después, por tu vida. Ante una cosa, o una idea, pregúntate: ¿lo necesito?, ¿lo he usado en el último año?, ¿aporta algún bienestar a mi vida? Si respondes no, regálalo o tíralo, incluidas las cargas emocionales que te lastran. Desapegándote, liberas espacio que puede ser ocupado por cosas más beneficiosas, incluido el «aire», que circula mejor y permite moverse con libertad. «El apego es casi siempre el terreno donde prospera el temor y la inseguridad», dice el escritor Walter Riso. 
  2. Establece prioridades. No ejes que lo urgente se imponga sobre lo importante. Valora obligaciones y problemas con calma, la prisa no deja pensar. Como afirma el filósofo Ángel Gabilondo, "detrás de la prisa se esconde el miedo». 
  3. Di «no». Sé sanamente egoísta, haz lo que deseas realmente y niégate a aceptar obligaciones que sean un impedimento para seguir adelante. 
  4. Para y desconecta. Detenerse unos momentos, aunque sólo sea a respirar, permite recuperar el ritmo vital, descansar y desconectar. Intenta hacerlo a lo largo del día y, siempre, al acabar la jornada de trabajo. Reserva un tiempo para hacer algo que te guste a solas: leer, pasear... Mantendrás a raya el estrés. 
  5. Huye de las relaciones tóxicas. Las influencias negativas «chupan» energía. Haz también «limpieza» en tu entorno afectivo: aléjate de quien te dañe y quédate con las relaciones que te enriquecen con su conversación, su presencia, su risa, su cariño... Cuenta con ellos y haz que sepan que pueden contar contigo. 

Arreglar el armario ropero y otros pequeños gestos
Con el cambio de estación, solemos «arreglar» el armario, sustituyendo la ropa de la temporada pasada por la de la nueva. De paso, eliminamos las prendas gastadas o que ya no utilizaremos. Un trabajo engorroso que, después, nos produce satisfacción y permite tener las cosas ordenadas y a punto. Hay otras muchas acciones que también pueden ayudarnos a simplificar la vida y retomar el contacto con las cosas que de verdad importan.

  • REGALA  LIBROS. Cuando los hayas leído, pásalos a un amigo, a una institución o déjalos en un banco del parque o en el metro. 
  • APAGA EL TELEVISOR. Si el programa que ves no te gusta, no lo mires. No necesitas acumular información que no te interesa y que «intoxica». 
  • PIENSA ANTES DE COMPRAR. ¿Lo necesitas? ¿Qué uso vas a darle? ¿Cuándo? Evidentemente, se puede comprar un objeto por el simple goce estético que produce, pero no por el placer de comprarlo y poseerlo. Distingue entre ambos sentimientos. 
  • COOPERA Y COMPARTE. Haz comidas en casa con amigos y haced cada uno un plato, celebra los cumpleaños de tus hijos con los de otros amiguitos en el parque con un balón, una cuerda para saltar y bocadillos caseros hechos por varias o familias. Si colaboráis, os repartís el trabajo y el gasto.
  • DISFRUTA DE "NO HACER NADA". Siéntate a mirar pasar las nubes, pasea, haz la siesta... «No hacer nada» es una práctica que ayuda a estar descansado, te permite conectar contigo mismo y facilita que el cerebro divague y tenga «buenas ideas». 
"La verdad siempre se halla en la simplicidad y no en la multiplicidad y confusión de las cosas". Isaac Newton, físico inglés.



Fuente: Revista PRONTO

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lunes, 7 de noviembre de 2016

8- La trampa de la justicia


Si el mundo estuviera tan organizado que todo tuviera que ser justo, no habría criatura viviente que pudiera sobrevivir ni un solo día. A los pájaros se les prohibiría comer gusanos, y habría que atender a los intereses personales de todos los seres humanos.

Estamos condicionados a buscar justicia en esta vida; y cuando no lo conseguimos sentimos enfado, ansiedad o frustración.

 La justicia no existe. Nunca ha existido y jamás existirá. Simplemente el mundo no ha sido organizado de esa manera.

 Los gorriones comen gusanos. Eso no es justo para los gusanos. No tienes más que observar la naturaleza para darte cuenta de que no hay justicia en este mundo.

 El mundo y la gente que vive en él son injustos todos los días. Tú puedes escoger ser feliz o ser desgraciado, pero esta elección nada tiene que ver con la falta de justicia que veas a tu alrededor.

 Éste es un informe realista sobre lo que es el mundo. La justicia es un mero concepto casi imposible de aplicar, en especial, en lo que se refiere a tus propias opciones de realización y felicidad personales.

 Queremos justicia y usamos su carencia como justificación para la infelicidad. La exigencia de justicia no es un comportamiento neurótico. Sólo se convierte en zona errónea cuando te castigas a ti mismo con una emoción negativa al no poder ver la justicia que exiges. En este caso el comportamiento autofrustrante no es la exigencia de justicia, sino la inmovilización que puede generar esa realidad sin justicia.

 La injusticia es una constante en la vida, pero con la infinita sabiduría, que acabas de adquirir, puedes decidirte a luchar contra esa injusticia y a negarte a quedar inmovilizado emocionalmente por ello. Puedes trabajar para ayudar a extirpar la injusticia y puedes decidir que no te dejarás vencer psicológicamente por ella.

 El sistema legal promete justicia. Pero generalmente no sucede. Los que tienen dinero no son condenados.

 1)     "¡No es justo!": El lema de las relaciones ineficaces.
En vez de pensar en que las cosas son injustas, puedes decidir lo que realmente quieres, y ponerte a buscar los modos para lograrlo, independientemente de lo que el resto del mundo quiere o hace.

 Necesitarás eliminar las referencias venidas de fuera y tirar los prismáticos que enfocan lo que hacen los demás.

 2)     Los celos: Una rama de la exigencia de justicia.
Los celos son en realidad una manera de exigirle a alguien que te quiera de cierto modo específico y tú dices "No es justo", cuando no lo hacen.

Esto proviene de una falta de confianza en ti mismo.

Nunca podrás predecir cómo reaccionará el ser que amas ante otro ser humano, pero si escoge ser afectuoso o amable, tú sólo puedes experimentar la inmovilidad de los celos si consideras que sus decisiones tienen algo que ver contigo. Eso depende de ti; es tu elección. Si un miembro de una pareja se enamora de un tercero, no es que sea "injusto", simplemente es. Si le consideras injusto, probablemente terminarás tratando de imaginarte por qué.

 3)     Algunos comportamientos típicos de “Demanda de justicia”

  • Quejarse de que otros ganan más dinero por hacer el mismo trabajo que haces tú.
  • Decir que no es justo que Frank Sinatra, Sammy Davis, Barbra Streisand, Catfish Hunter o Joe Namath ganen unos sueldos tan altos y molestarte por ello.
  • Molestarte porque otros cometan infracciones impunemente mientras que a ti siempre te cogen.
  • Todas las frases del tipo de "¿Acaso yo te haría algo así?", con la pretensión de que todo el mundo tiene que ser exactamente igual a ti.
  • Corresponder siempre cuando alguien te hace un favor
  • Corresponder al beso que se te da o decir "Yo también te quiero", en vez de aceptarlo y expresar tus propios pensamientos cuando escojas hacerlo.
  • Sentirte obligado a tener relaciones sexuales con alguien aunque no quieras hacerlo porque simplemente no es justo no cooperar.
  • En las discusiones insistir en una decisión clara y nítida en que los vencedores tienen razón y los perdedores están equivocados.
  • Usar el argumento de la justicia para conseguir lo que quieres. "Tú saliste anoche; no es justo que yo me tenga que quedar en casa." Y molestarte por la falta de igualdad.
  • El jueguecito de "Si él/ella puede hacerlo, pues yo también". Éste es el tipo de comportamiento de "él me pegó, así que yo le pego a él". Es la causa de muchas guerras cuando esto es llevado a extremos ridículos.
  • Gastar la misma cantidad de dinero en un regalo que el que gastó en ti la persona a quien regalas.

 4)     Algunas de las recompensas psicológicas que te impulsan a aferrarte a tus “demandas de justicia”
Las recompensas para este tipo de comportamiento son generalmente autofrustrantes en el sentido que mantienen la percepción fuera de la realidad y en una especie de mundo onírico que nunca existirá.

  • Puedes sentirte satisfecho de ti mismo porque eres una persona honorable. Ésta es una de las formas que tienes de sentirte mejor y superior, aferrado a esa sensación de "Yo soy mejor que tú" y gastarás tus momentos presentes en sentirte satisfecho de ti mismo en vez de vivir de forma efectiva.
  • Puedes ignorar la responsabilidad por ti mismo y justificar tu inmovilidad transfiriendo la responsabilidad a aquella gente o aquellos hechos que no son justos. De esta manera puedes evitar los riesgos y el trabajo que implica tratar de cambiar. Mientras la injusticia sea la causa de tus problemas, no puedes cambiar. Lo harás cuando desaparezca esta injusticia, lo que, por supuesto, no sucederá nunca, jamás.
  • La injusticia puede hacerte llamar la atención, la compasión y la autocompasión. El mundo ha sido injusto contigo, así es que ahora tú y todos los que están a tu alrededor deben sentir pena por ti y compadecerte.
  • Puedes justificar todo tipo de comportamientos inmorales, ilegales e impropios haciendo que la responsabilidad de tus actos recaiga sobre otro. Si él puede hacerlo, yo también puedo.
  • Te proporciona una excusa estupenda para ser ineficiente. "Si ellos no hacen nada, yo tampoco lo haré." Es una estratagema hábil e ingeniosa para justificar tu pereza, tu cansancio o tus temores.
  • Te brinda un buen tema de conversación que te ayuda a evitar hablar de ti mismo con la gente que te rodea. Si te quejas de todas las injusticias que se hacen en el mundo, no realizarás nada, pero por lo menos habrás pasado el tiempo y logrado escapar, quizá, de la necesidad de tratar más honestamente e íntimamente también con la demás gente.
  • Si tienes un concepto claro de la justicia, tus decisiones serán siempre justas.
  • Podrás manipular a los demás, especialmente a tus hijos, recordándoles que son injustos contigo porque no son exactamente iguales a ti y no mantienen una cuenta exacta de todo el dar y recibir de tu relación con ellos. Esta es una manera muy hábil de conseguir que se hagan las cosas a tu manera.

Pero este sistema de apoyo no es invulnerable. A continuación, veremos algunos métodos estratégicos para deshacerte de este tipo de pensamiento y limpiar esta zona errónea de la demanda de justicia.

5)     Algunas estrategias para renunciar a la sana demanda de justicia.

  • Confecciona una lista de todo lo que en tu mundo te parece injusto. Usa tu lista como guía para una acción personal eficiente.
    • Hazte a ti mismo esta pregunta importante: "¿Desaparecerán las desigualdades porque a mí me perturban?". Obviamente que no.
    • Atacar el pensamiento erróneo que te produce el malestar es una buena manera de empezar a huir de la trampa de la justicia.
  • Cuando te descubras a ti mismo diciendo: "¿Acaso te haría yo eso a ti?" o cualquiera de las frases de ese tipo, cámbiala a "Tú eres distinto a mí, aunque yo encuentro difícil aceptarlo ahora mismo". Esto logrará abrir en vez de cerrar la comunicación entre tú y la otra persona.
  • Empieza a pensar que tu vida emocional es algo que es independiente de lo que haga cualquier otra persona. Esto te librará del dolor que sientes cuando la gente se comporta de una manera distinta a la que tú quisieras.
  • Trata de mirar con perspectiva las decisiones que hagas y no como hechos monumentales que cambiarán tu vida.

 El hombre sabio es aquel que vive actuando, no pensando en actuar, ni pensando en lo que pensará cuando haya terminado de actuar... Él sabe que su vida habrá terminado demasiado pronto; él sabe, porque él ve, que nada es más importante que ninguna otra cosa. Así pues el hombre sabio suda y resopla y si uno lo observa es igual a cualquier otro hombre, excepto que él controla la locura de su vida. Ya que nada es más importante que ninguna otra cosa.
El hombre sabio, el hombre de conocimiento, escoge cualquier acto, y actúa como si le importara. El control que tiene sobre su locura le impulsa a decir que su actuación importa y hace que actúe como si importara, y sin embargo sabe que no es así; de modo que cuando cumple con sus actos, se retira en paz, y el hecho de que sus actos hayan sido buenos o malos, hayan resultado o no, no es cosa que le preocupe.

  • Cambia la frase "No es justo" por "Es una lástima" o "Yo preferiría...",. Así, en vez de tratar de que el mundo sea diferente a lo que es, empezarás a aceptar la realidad, aunque no necesariamente a aprobarla o estar de acuerdo con ella.
  • Elimina las referencias externas de comparación. Ten tus propias metas, independientemente de lo que hagan los demás. Proponte hacer lo que tú quieres hacer sin referirte a lo que los otros hagan o no hagan.
  • Corrígete a ti mismo en voz alta, cuando uses frases como "Yo siempre te llamo cuando voy a llegar tarde, ¿por qué no me llamaste tú a mí?", así eliminarás la noción errónea de que el motivo que tiene la otra persona para llamarte es parecerse a ti.
  • En vez de pagarle a alguien por algo, como por ejemplo llevando una botella de vino o un regalo a una fiesta, espera hasta que un día tengas ganas. No hay ninguna necesidad de mantener en orden las cuentas intercambiando mercancías; haz simplemente algo agradable porque tienes ganas y no porque la ocasión te lo exige.
  • Gasta la cantidad de dinero que tú quieras en un regalo sin dejarte influenciar por lo que se gastó en ti. Elimina las invitaciones que haces por obligación o por un sentido de justicia. Decide a quiénes vas a ver por motivos internos en vez de externos.
  • Decide tú mismo cuáles serán las normas de conducta que regirán tu comportamiento en el seno de tu familia, basándote en lo que tú consideras que es lo apropiado para ti.
  • Si tú sientes que quieres hacer algo, pero no puedes hacerlo porque alguien tiene que cuidar a los niños, no dejes que el concepto de "justicia" se interponga en lo que decidas hacer. Quizá podrías arreglártelas para que alguien cuide de los niños o lleva a los niños contigo en tus salidas, o cualquiera que sea el arreglo que resulte satisfactorio para todos. Pero el empezar con la rutina del "No es justo", suscitará rencores y además hará que te quedes en casa. Por cada injusticia que sufres, existe una resolución que no requiere que te quedes de ninguna manera inmovilizado.
  • Recuerda que la venganza es simplemente otra manera de ser controlado por los demás. Haz lo que tú, y no ellos, decidas que es conveniente para ti.

Fuente: Tus zonas erróneas (W. Dyer)

Cómo iniciar un deporte si se tiene sobrepeso


La práctica de ejercicio físico es muy conveniente para las personas con sobrepeso y obesidad, un trastorno que sufre el 63,2% de los hombres en España. Sin embargo, muchos no hacen deporte por vergüenza.

  • La actividad deportiva es para todos. "Todo el que tiene cuerpo lleva un atleta dentro", recuerda el doctor Manuel Villanueva, traumatólogo cuatro veces premiado por la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, que ofrece algunos consejos a estas personas. 
  • Comience por moverse. Nuestra casa y entorno están plagados de escaleras, podemos ir caminando al trabajo o a la compra, y participar de forma más activa en las labores domésticas. "Saber que al fregar el suelo se consumen 640 calorías le animará". 
  • No forzar. No se trata de convertirse en un deportista de élite, mejor ir pausado y a buen ritmo y vivir muchos más años con buena calidad de vida. Hay que controlar el paso al caminar, que debe ser el que se puede mantener sin esfuerzo. Si vamos en grupo, es preferible andar a nuestro propio ritmo. 
  • Ir a más. Cuando te sientas mejor contigo mismo, puedes caminar más deprisa, ir al gimnasio o jugar al pádel. Es importante encontrar la actividad deportiva que nos resulte atractiva y consiga engancharnos. 

Fuente: Revista PRONTOwww.pronto.es

martes, 1 de noviembre de 2016

Aumenta tu autoestima


PLANIFICA TU FUTURO Y MÁRCATE METAS QUE TE MOTIVEN Y PUEDAS ALCANZAR

Antes de reemprender la vida cotidiana, es un buen momento para detenerse a pensar y valorar cómo queremos que sea ésta y qué podemos hacer para mejorarla. Empezar septiembre planteando nuevos retos y la forma de alcanzarlos nos hará crecer y reafirmarnos como personas. 

Un buen ejercicio para iniciar el curso es analizar cuáles son nuestros deseos y qué podríamos o deberíamos cambiar, teniendo en cuenta todo lo bueno que hay en nuestra vida, Se trata de aprovechar este momento para reemprender las tareas introduciendo pequeños, o grandes, cambios, Porque, como afirma el escritor estadounidense Alvin Toffler, «El cambio no solamente es necesario en la vida, es la vida en sí misma".

Ver el futuro con ilusión y optimismo 
Hacer planes nos produce bienestar, crea esperanza y contribuye a aumentar nuestra autoestima ya reafirmamos.

  • Alimenta tus inquietudes. Aprovecha que empiezan cursos y actividades para iniciar O reemprender alguna que realmente te motive, te forme y te aporte satisfacción. ¿Qué te hace vibrar? Quizá sea aprender a bailar, tener un mejor nivel de inglés o sacarte el camet de conducir. Proponerte un objetivo implica desarrollar y potenciar tus habilidades, aprender cosas nuevas y seguir creciendo, incrementando tu satisfacción y la seguridad en ti mismo. Márcate metas y plazos claros y realistas, que puedas cumplir y que, además, supongan un reto y un esfuerzo asumible. Escojas lo que escojas, pon le pasión. 
  • Reserva un tiempo para ti. Si estás de vacaciones y has podido dedicarte un tiempo para hacer lo que te apetecía (leer, pasear, hacer calceta, charlar con una amiga, darte un masaje ... ), sabrás lo importante que es para sentirte satisfecho y a gusto en tu piel. No dejes de hacerlo: reserva un tiempo para ti cada día o, como mínimo, cada semana para disfrutar. 
  • Comunícate con los demás. Habla con tus familiares, amigos, compañeros. Reúnete con ellos o llámalos por teléfono. Saluda a los vecinos y da los buenos días al entrar en el autobús. Hablar nos reporta beneficios emocionales muy importantes, por lo que debemos otorgarle la relevancia que merece. «Gracias a los vínculos que existen entre las palabras v las emociones. hablar no sólo nos permite desahogarnos v liberarnos de las cosas que nos preocupan, sine también de experimentar los sentimientos agradables que acompañan a la comunicación entre personas queridas,» asegura el psiquiatra Luis Rojas Marcos en su libro «La fuerza del optimismo». 
  • Dí adiós a las exigencias. No te exijas más de lo que puedes dar, pero tampoco menos. Pon límites a las demandas excesivas de los demás (familia. amigos, trabajo) y, especialmente, a las tuyas propias. No es necesario ser perfecto, ni intentar ser otro. Recuerda lo que decía Marilyn Monroe, «querer ser otra persona es malgastar la persona que eres». Pero sí ten claro que eres capaz y valioso, dos palabras que siempre debes tener presentes y repetirte si es necesario. 
  • Decide ser feliz ahora. Olvida los «cuando... »: «cuando tenga coche, novio, suerte... ». El momento es ahora y hay que empezar cuanto antes a disfrutar de aquello que nos hace feliz: sentir el sol en la cara, una canción que nos gusta, ese libro que te transporta, el trabajo bien hecho, una sonrisa amiga... Como dice en su libro «La búsqueda de la felicidad» el psicólogo Tal Ben-Shahar, «la felicidad depende mucho más del estado de ánimo que del estado de la cuenta bancaria. ¿Consideramos que el vaso está medio lleno o medio vacío? ¿Apreciamos lo que tenemos vio disfrutamos o lo damos por supuesto v no lo valoramos? Cuando apreciamos lo bueno que tenemos, lo bueno aumenta y tenemos más de ello». 

“Nunca nos aprecian tanto los demás como cuando nos apreciamos nosotros”. Séneca, filósofo.
Consigue tu objetivo con el enfoque adecuado
Las palabras condicionan muchos de nuestros actos. La Programación Neurolingüística (PNL) ayuda a definir los objetivos y hacerlos realidad a través del lenguaje, con lo que te será más fácil conseguirlos y aumentar tu auto estima.

  • EXPRÉSALO EN POSITIVO. Di qué quieres hacer o conseguir, no lo que intentas evitar. Por ejemplo, «quiero ser feliz» en lugar de «no quiero sufrir». 
  • FORMÚLALO EN PRESENTE. Vas a hacerlo ahora, ni después ni con condiciones. Por tanto, di «voy a salir a caminar» en lugar de «tendría que hacer ejercicio». Y sal. 
  • HAZ QUE DEPENDA DE TI. Mejor pensar «voy a hacer lo posible para explicarme» que «quiero que me entiendan». 
  • DESCRÍBELO CON DETALLES. Ilustra tu objetivo tal como quieres que se realice, incluyendo con quién, dónde, cuándo, cómo, en cuánto tiempo y por qué. Por ejemplo, «quiero disfrutar de una cena romántica con mi pareja el sábado» en lugar de «quiero salir el fin de semana». 
  • SÉ REALISTA Y AMBICIOSO. No es un contrasentido, los objetivos desmesurados pueden ser inalcanzables, pero si son demasiado pequeños no nos motivan. 
  • VALORA SU IMPACTO. Piensa qué consecuencias tendrá una vez logrado, tanto para ti como para tu entorno y las personas a las que afecte. 
  • PLÁSMALO EN PAPEL. O el soporte que mejor te vaya («smartphone», ordenador...). Así, podrás concretar y definir mejor tu meta. Ponlo en un lugar visible para que te recuerde tu compromiso contigo mismo. 
  • LLÉVALO A CABO. Y, por supuesto, no esperes que ocurra, hazlo posible tú paso a paso y con constancia. 





Fuente: Revista PRONTO

www.pronto.es